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Antonio Guiral está realizando un trabajo muy importante: dar a conocer entre el gran público cómo ha sido nuestra historia reciente a través de los tebeos. Ha publicado diversos libros sobre el tema, además de trabajar como editor y guionista. Su último título, 100 años de Bruguera, repasa meticulosamente la historia de este pilar del cómic español. Esta es la entrevista que nos ha concedido.
1.Eres un todo terreno en el mundo del cómic: te has pasado la vida editando cómics, escribiendo guiones, después libros de divulgación, etc. ¿Cada una de estas facetas supone un nivel de exigencia o responsabilidad diferente? ¿Con cuál de ellas te sientes más creativo?
Antoni Guiral: cada una de estas facetas supone, en efecto, un planteamiento diferente a la hora de abordar el trabajo. Pero a mí lo que más me interesa es que se complementan, que forman parte de un todo, que es la historieta. Piensa que yo también he sido librero, coordinador, traductor y periodista, pero siempre sobre la historieta. Con esto quiero decir que me interesa todo lo que implica narrar historias con viñetas. Creo que es útil conocer y aproximarse a todos los aspectos, porque todos aportan alguna cosa.
La realidad es que me siento creativo en todas. Evidentemente, más cuando escribo guiones o libros de divulgación, pero también me gusta hablar en público, explicar lo que sé, intentar transmitir mi pasión por la historieta. Reconozco que lo que encuentro a faltar es escribir guiones de forma continuada.
2.Has publicado ya unos cuantos títulos imprescindibles en las bibliotecas. ¿Cómo nace tu inquietud por el estudio del cómic?
A.G.: de entrada, muchas gracias por la expresión "imprescindibles"; no sé si lo son, pero al menos yo siempre pongo todo lo que soy y lo que sé en los libros. La inquietud nació hace mucho tiempo. Mi padre era lector de cómics, ya de adulto, y se compraba muchos tebeos que, por supuesto, yo también leía.Uno de los apartados que más me interesaba eran las secciones de información o entrevistas con los autores. De hecho, ya a los 14 años me compraba revistas teóricas que podían encontrarse entonces, como Bang! o El Globo. Aunque, en realidad, lo que yo quería era ser guionista y dibujante de cómics, pero el interés sobre este aspecto teórico, por lo que hay detrás de la edición y el trabajo de los autores, siempre lo he tenido.
3.Háblanos un poco de cómo planteas cada uno de estos estudios: cómo te documentas, qué metodología sigues, cómo seleccionas todo el material gráfico que incorporas en los libros...
A.G.: el planteamiento inicial puede venir de una propuesta mía o de un encargo. El primer libro sobre Bruguera que publicó Ediciones El Jueves en el 2005, por ejemplo, es una propuesta que le hice directamente a José Luis Martín, dado que había estado revisando algunas series de Bruguera para dar una clase en un cursillo de la universidad. José Luis Martín dijo rápidamente que adelante, él es un gran seguidor de la Escuela Bruguera, y creyó en mí y en el proyecto inmediatamente.
La búsqueda de documentación es la parte más interesante para mí. Se trata de, por un lado, intentar conseguir el máximo de material original posible, sea comprándolo, sea en hemetorecas y/o bibliotecas, o bien en archivos privados o de editoriales. La metodología es siempre leer todos los tebeos e ir tomando apuntes sobre cabeceras y autores, procurando acercarme al máximo a los contenidos. Después es importante el contacto directo con las personas que hicieron aquellos tebeos, sean autores, técnicos editoriales o editores. Este es un aspecto muy motivador e interesante. Por supuesto, hay también espacio para investigar tanto historia, política y sociología de la época a tratar, como en revistas y libros teóricos de cómics. La red es también una herramienta a utilizar, pero con mucho cuidado, porque la información puede ser muchas veces inconcreta e incompleta. A medida que voy leyendo, tengo en mente la selección gráfica, con la que intento aportar imágenes que retraten lo mejor posible lo que estoy estudiando.
4.Por cierto, la presentación de estos libros es muy atractiva, y aunque se trata de estudios en profundidad se nota la intención de divulgar. ¿Es difícil mantener este equilibrio y no dejarse llevar por la erudición?
A.G.: lo cierto es que yo creo que es mucho más difícil hacer divulgación que erudición. Tanto por el contenido del cual se habla como por la forma de expresarse. Es muy fácil acudir a un lenguaje técnico que limita, creo, la comprensión del estudio. Yo procuro siempre en el momento de escribir dirigirme al lector como si fuera alguien que tengo al lado, a quien quiero explicarle las cosas que me fascinan y me apasionan. Hay quien considera que el mío es un lenguaje demasiado coloquial, pero es que yo quiero que sea así. Si puedo incluir algún chiste, lo escribo; si puede parecer que estoy haciendo una conferencia, la hago. Yo lo que deseo es llegar a gente interesada en el tema, pero que no tiene tal vez conocimientos enciclopédicos y que, en todo caso, pase un buen rato conmigo.
5.Hace unos meses leímos en diferentes webs que se te cuestionó el derecho de cita en uno de tus trabajos. Sin hablar del caso en concreto, ¿no sale perdiento con estas trabas la difusión en general del género? ¿Te parece clara y sin ambigüedades la regulación de este derecho de cita?
A.G.: desgraciadamente, con la nueva versión del derecho de cita la cuestión es bastante compleja y ambigua. En teoría, ahora se limita a publicaciones académicas, pero el problema es quién decide que una publicación es académica. ¿Que esté editada por una universidad? ¿Que la tirada sea de cien ejemplares? ¿Que no se venda? Mi trabajo puede gustar o no, pero es académica porque es utilizada en las universidades y en la enseñanza en general, y por su raíz, que intenta ser científica e histórica.
Yo tengo claro que el derecho de cita ha de existir, o no sería factible la divulgación. Entiendo y respeto el tema del derecho de autor, entre otras cosas porque yo también lo soy, pero reproducir una viñeta, una cubierta e incluso toda una página de una obra de la que se está hablando y, por tanto, analizando y divulgando, debería poder hacerse libremente, siempre, por supuesto, con respeto y reconociendo la autoría y el copyright. Hay límites, eso es evidente; por ejemplo, en un libro monográfico sobre un autor, entonces sí se ha de gestionar un acuerdo con el autor o sus herederos, porque utilizas muchas muestras de su obra, y aquél o éstos han recibir derechos de autor. Pero este es un tema que debe hablarse, porque hemos de actuar con sentido común todos, escritores, editores y autores, y ponernos de acuerdo. Teniendo en cuenta las ventas reales de los libros divulgativos, si se tuviera que pagar por cada una de las imágenes, la edición sería inviable económicamente hablando. No podemos negar la divulgación de un medio de comunicación. De la misma forma, por supuesto, que todos los autores y herederos tienen su derecho de autor y copyright sobre las obras. Se trata de ponerse de acuerdo en cada caso.
6.Volviendo a tu trabajo como estudioso: lo has centrado sobre todo en Bruguera y sus dibujantes. ¿Con cuál de los libros que has escrito sobre los mismos te sientes más satisfecho? ¿Qué aspectos o autores de esta legendaria editorial te planteas estudiar en un futuro?
A.G.: me resulta complicado destacar un libro en concreto. Reconozco que tengo una especial empatía por los dos primeros, los editados por Ediciones El Jueves, porque significaron una gran oportunidad para acercarme a este universo "brugueriano". Pero también me resulta especial el dedicado a los cien años de Bruguera, porque me ha permitido una aproximación a esta editorial más intensa, y me ha revelado que cuanto más me documento sobre Bruguera, menos cosas me doy cuenta que sé sobre esta editorial.
El futuro, la verdad es que no está nada claro. Aparte de los mencionados libros de Bruguera de El Jueves y uno de los publicados por Ediciones B, este trabajo no me permite sobrevivir. Para la realización de alguno de estos trabajos he perdido dinero, y el problema es que este es mi trabajo, por lo tanto, no me puedo permitir este lujo. Es diferente escribir algún libro mientras vives de otra profesión o tienes otra fuente de ingresos, pero este no es mi caso. O sea que, de momento, no hay ninguna perspectiva. He de sobrevivir realizando trabajos técnicos e, incluso, me estoy planteando, a pesar de mi edad, cambiar de oficio. Este trabajo no tiene resonancia ni interés a nivel social en nuestro país, por lo que parece.
7.Tal como dices en estos libros sobre Bruguera, las revistas jugaron un papel fundamental en la sociedad. ¿Qué ha sido de las revistas de humor, aparte de El Jueves? ¿El futuro del humor, sea infantil o adulto, pasa por internet (blogs de dibujantes, revistas digitales, etc.)?
A.G.: sí, es muy curioso este fenómeno. De todas formas, respecto a los cómics, el formato revista parece que ha desaparecido prácticamente. Creo que no hemos sabido renovarlo, y se ha quedado obsoleto, pero no por el propio formato, que tiene muchas posibilidades todavía, sino porque, como decía, no hemos sabido encontrar la fórmula para reivindicarlo. El caso es que la popularidad de El Jueves arrasó y acabó con toda la competencia, y todo lo que en estos últimos treinta años se ha intentado, todas las iniciativas en formato papel han fracasado. Queda la red, en la que cada vez aparecen más alternativas que parece que tienen un lugar en el ciberespacio, y ésta es una muy buena noticia. Pero a mí me sabe mal, porque lo que me interesa es la revista en papel.
8.Nuestra biblioteca lleva el nombre de Jaume Percih, que fue vecino de nuestro municipio. Él también formó parte como muchos grandes de la editorial Bruguera. Con la perspectiva de los años, qué lugar crees que ocupa en el panorama del humor gráfico español? ¿Ves su influencia en autores de hoy?
A.G.: El Perich es fundamental en la historia del humor gráfico en España. Porque ha creado precedentes de una manera de ver el mundo y reflejarlo, pero también por su aportación gráfica, por este estilo roto, vital, tan expresivo y revolucionario. Por su vocación social y política, para extraer de la figura del hombre de la calle todo su potencial. Su esencia está en muchos de nuestros humoristas actuales, sobre todo en los diarios, tanto en papel como en línea, por cierto.
9. Para terminar, recomiéndanos un libro que te haya cautivado últimamente.
A.G.:Pues mira, no es ninguna novedad, pero estoy fascinado con La Colmena, de Camilo José Cela; esta visión de la postguerra y la descripción de los personajes, así como la riqueza del lenguaje, son irresistibles.