© Darío Adanti i Glénat
Darío Adanti, autor argentí d’una imaginació desbordant, ha publicat fa poc a Glénat Toda aquella caspa radioactiva: recopilació d’aquesta sèrie hilarant, surrealista i explosivamente absurda. Darío viu actualmente a Espanya, i a l’entrevista que ens ha concedit ens parla de la seva trajectòria, del rol de l’humor a la nostra societat, dels autors que admira i de moltes coses més.
Darío Adanti, autor argentino de una imaginación desbordante, ha publicado hace poco en Glénat Toda aquella caspa radioactiva: una recopilación de esta serie hilarante, surrealista y explosivamente absurda. Darío vive actualmente en España, y en la entrevista que nos ha concedido nos habla de su trayectoria, del rol del humor en nuestra sociedad, de los autores que admira y de muchas cosas más.
1.Tu currículum es impresionante por la cantidad de experiencias acumuladas en diversas ciudades. Has trabajado en tu país, Argentina, en Madrid, en Nueva York, sitios en donde has colaborado con medios importantísimos. ¿Es muy diferente la forma de trabajar para prensa en cada uno de estos lugares?
Darío Adanti: Esencialmente es la misma forma en todos lados porque los mecanismos del trabajo de prensa son iguales en todos lados. Lo que cambian son sólo matices que tienen que ver con cosas muy concretas. En EEUU, por ejemplo, te suelen dar mucho más tiempo para entregar un dibujo y te suelen pagar más, pero a cambio tienes entregas previas de los bocetos donde te cambian muchas cosas y, no siempre pero bastante a menudo, el Director de Arte dirige mucho tu trabajo. Así que el hecho de que tengas más tiempo y que te paguen más es relativo porque también has tardado más tiempo en hacerlo y has tenido que entregar varias versiones. Tanto en Argentina como en España, en cambio, siempre suelen pedirte el dibujo con poquísimo tiempo de antelación, pero suelen confiar en el ilustrador y te dejan trabajar a tu aire. Otra cosa que cambia mucho son los niveles de tolerancia hacia determinadas cosas que son diferentes en cada país. En EEUU, por su composición social, historia, etc, hay que tener mucho cuidado con cómo retratas a las minorías, en cambio en Argentina y en España nos podemos permitir niveles más altos de incorrección. Pero, más allá de estos matices, el trabajo y los códigos son más o menos los mismos.
2.En Argentina editaste junto a un grupo de dibujantes la revista Suéltame. ¿Cómo fue tu experiencia como editor?
D.A.: Fue una experiencia interesante que me encantaría repetir. Tampoco fue una experiencia tan absorbente como suele ser la de editor porque la revista no tenía una periodicidad mensual y realmente la dirigíamos entre todos y éramos siete personas, lo que divide la responsabilidad y hace que casi no se sienta el peso de tener que coordinar a un equipo. Uno escucha historias de la época de los ’80, del Víbora aquí en España o de la primera revista Fierro en Argentina y son muchas las anécdotas sobre los autores que no llegaban a entregar o que, por momentos, era difícil poder ubicar para exigirles sus páginas. En las generaciones posteriores eso no se da, en general todos suelen entregar cuando hay que entregar. Además de que la tecnología ha hecho que, por un medio u otro, siempre te puedan ubicar estés donde estés. Y creo que cierta bohemia típica de los dibujantes de antaño, o más bien sus consecuencias en el campo profesional, ha desaparecido porque al reducirse los espacios en los medios y al crecer la cantidad de dibujantes o de aspirantes a serlo, el mercado impone reglas mucho más estrictas y se sobrevive en los medios no tanto por el talento que, por más notorio que sea siempre es reemplazable, sino porque el dibujante representa una facilidad o, por lo menos, no representa una dificultad agregada a la ya difícil tarea de editar.
3.Toda aquella Caspa Radioactiva es una recopilación portentosa e hilarante de esta serie. En el prólogo nos diviertes repitiendo una frase que parece definir tu humor: “¿conocen el infierno de la mente?” ¿Tus personajes nacen de ese infierno? ¿Hasta qué límites crees que los has hecho llegar?
D.A.: “El Infierno de la Mente” existe y, sea por unos motivos o por otros, siempre está ahí. Puede ser motor o lastre. En mi caso siempre fue lo primero. Y en mi caso, “El Infierno de la mente” no ha sido siempre por los mismos motivos o, incluso, se han solapado varios y muy diferentes “Infiernos de la mente”. Por un lado, el hecho de cambiar de país 3 veces y otras tantas veces de ciudad ya es algo suficientemente estresante como para generar un pequeño infierno. Cada cambio de este tipo requiere un nuevo esfuerzo de adaptación, social, laboral, cultural, etc., con todo el enriquecimiento que esto tiene, también tiene un alto precio a pagar: gente que dejas detrás, trabajos que pierdes, una soledad lógica hasta que te haces de un grupo social próximo y de forma natural, un problema económico porque representa un gasto sin garantías de recuperación, y el desgaste lógico de saber que tienes que encontrar trabajo antes de que la precariedad mute en desesperación. Si a eso le sumas que los autónomos sufrimos ya de por sí un “Infierno de la mente” particular porque nunca sabes muy bien lo que cobrarás el mes próximo y, muchas veces, ni siquiera sabes si cobrarás… Pero todo esto también es muy motivador y te genera un fondo particular muy enriquecedor. Esos y mis propias pretensiones han sido mi “Infierne de la mente” y a él le debo gran parte de lo que hago y sin duda muchas de las situaciones en las que pongo a mis personajes vienen de esa suma de cosas. Los límites a los que puedo hacer llegar a los personajes están dados, sólo, por la personalidad del personaje y mi capacidad de imaginación de un lado de la balanza, y por los límites propios del medio donde se publican del otro. En El Jueves esos límites son muy pero que muy amplios y la personalidad de mis personajes es extrema, así que no creo que haya más límite que mi imaginación o mi nivel de aburrimiento: cuando me canso de pensar situaciones para un personaje y deja de motivarme, no tengo ningún problema en guardarlo hasta que vuelva a resultarme estimulante.
4.Caspa Radioactiva recuerda aquellas secciones de magazines en las que se hablaba de curiosidades, noticias de personajes extraños, hechos diversos, publicidad, etc. ¿Cómo planificabas en general estas páginas? ¿Era difícil dibujar sobre diversas cosas de una semana para otra?
D.A.: De hecho, está basado en ese formato que a mí siempre me ha fascinado: periódicos sensacionalistas, fanzynes apocalípticos, libros de “curiosidades”, etc. La planificación de la página dependía absolutamente de lo que se me ocurriera. De pronto tenía muchos chistes sobre un personaje y no se me había ocurrido ninguno para otro pero, en cambio, se me ocurría un producto inexistente, o un nuevo personaje. Realmente no había más planificación que la de buscar en mis libretas de ideas o bocetos y dejarme llevar por lo que más me entusiasmaba de lo que encontraba allí. Muchas veces me faltaba un chiste o dos y sacaba del cajón todas las libretas que voy acumulando con ideas y bocetos y algo que había apuntado allí y que en su momento no me había sugerido nada, pasado el tiempo y olvidado el apunte, al encontrarlo me sugería una nueva idea o un final gracioso que antes no se me había ocurrido. Otras veces la idea surgía por lo que me estaba pasando a mí esa semana y esa misma situación se representaba de forma exagerada o metafórica en un chiste. En mis chistes hay una constante desubicación del personaje con respecto a su entorno y una lucha constante por adaptarse a ese entorno hostil. La verdad es que no era difícil, más bien era un placer. Me motivaba mucho el tener que pensar cuál sería la próxima transgresión: repetir viñeta, copiar una tira entera y sólo cambiarle los diálogos, poner el gag en la viñeta dos y dejar sin texto la viñeta final… La forma era tan parte del chiste como el contenido, y esa búsqueda me divertía mucho.
5.De las diversas series de Caspa…,¿con cuál te quedas?
D.A.: La verdad es que con ninguna en particular, o tal vez con todas. Cada una representó algo importante en su momento. Hay un concepto Zen de la caligrafía de los ideogramas japoneses que me parece muy exacta y es que el caligrafista, aunque aprenda a perfeccionarse en al arte del manejo del pincel y a expresar, con la presión o la soltura, diferentes matices exigidos en cada ideograma, éstos siempre serán sólo un escalón necesario más en la escalera que lleva a la perfección, pero nunca serán la perfección en sí. Es un concepto que te libera del fracaso porque el error no es error sino un paso necesario en esa escalera. Lo que hace que cada paso signifique un triunfo y que, aunque se sepa que no se alcanza la perfección, no por eso se deja de incitar al perfeccionamiento. Por eso creo que cada cosa es un eslabón más de una cadena, un eslabón más débil o más fuerte, más o menos conseguido, pero eslabón en sí.
6.Un aspecto que nos ha parecido muy interesante y que hemos mencionado de paso, es el formato de algunas viñetas que simulan espacios publicitarios. ¿Sigues esquemas o reglas de diseño en este caso? Y por otra parte, ¿encuentras a faltar algo de humor en la publicidad actual en los medios (ya sean impresos, virtuales o televisivos)?
D.A.: Nunca seguí ningún esquema preestablecido. No estudié ni diseño ni publicidad. De hecho estudié cine y lo dejé al primer año porque empecé a publicar cómics en revistas. Así que mi formación no es académica. Lo que pasa es que siempre me ha fascinado la publicidad porque los recursos que utiliza son similares a los mecanismos del chiste. Sólo que en el caso de la publicidad el objetivo es otro bien distinto. Por otro lado, el tema de la diversidad de productos ante la competencia del mercado ya abre de por sí un ámbito de humor. ¿No han visto en la teletienda lo de la Bata-manta? ¿O la publicidad de ese colchón hinchable que, para demostrar que es un producto resistente y confortable, no han tenido mejor idea que subrayar ese concepto con un tipo acostado en la cama leyendo mientras su novia, porque suponemos que se trata de su pareja, salta a su lado vestida de bailarina clásica? Parecen personajes salidos de Twin Peaks. Yo creo que alguien debería hondar en esa relación de pareja tan particular, en que él tiene una capacidad tan notoria para la concentración que raya con el autismo, y ella está tan obsesionada con la perfección que busca la inestabilidad del colchón a la hora de practicar sus pasos de baile. En otra de estas publicidades de colchón hinchable muestran una situación similar sólo que esta vez el que salta en el colchón es un Oso Pardo (real) y la que está tumbada al lado es una chica. ¿Se trata de la misma chica que se ha cansado de su novio autista y lo ha dejado por un oso? Y si es así, ¿el destino le deparaba a ella una venganza tan atroz como la de dejar a tu novio por un oso, y que luego el oso te haga a ti lo que tú le hacías a tu ex marido? La publicidad es fascinante. No creo que le falte humor a la publicidad, siempre hay alguna publicidad en emisión que utiliza el humor con más o menos acierto, pero a mí me suelen hacer mucha más gracia aquellas que son humorísticas involuntariamente.
7.Nos hablas también en el prólogo de tu amistad con Monteys y Fontdevila. ¿Un dibujante está abierto siempre a la influencia de sus colegas de profesión? En tu caso, ¿con qué autores de humor gráfico y de cómics te identificas más o en cuáles reconoces una mayor influencia?
D.A.: Yo creo que sí, o que, por lo menos, así debería ser. Sobre todo porque todos somos primero lectores de cómics y luego autores. O más bien el ser autor es la consecuencia de ser lector, y perder esa permeabilidad es perder la capacidad de asombro. Yo me identifico mucho con los primeros autores de cómic humorístico para la prensa como Herriman, Segar, Sterret, Steimberg; con gente del Underground o la contracultura deudora de esos inicios como Crumb, Spiegelman, Gorey, o más modernos como Cooper, Kaz o Woodring. Luego tengo una gran influencia de humoristas sudamericanos como los uruguayos Folá y Kalondi o argentinos como Osky y Landrú. De los españoles siempre, desde adolescente, mis grandes influencias han venido de ciertos autores del Víbora como Gallardo, Mediavilla, Max, o Martí. Los dibujantes de Bruguera han empezado a influenciarme recién desde hace unos años a esta parte porque, al venir de Argentina, no tenía una relación afectiva directa con ellos, pero sí la he empezado a tener a partir de que me instalé aquí y empecé a recorrer la historia del medio en España, como La Codorniz o el TBO, pero la influencia es más de códigos narrativos o humorísticos que de estilo de dibujo. Y por supuesto me encantan mis colegas del medio como Entrialgo, Monteys, Fontdevila, Alcazar, Miguel Núñez o Brieva. Y es que soy fan de los tebeos.
8.El humor conservador siempre ha tenido buena acogida en todas partes, pero un humor como el tuyo que rompe moldes y raya lo desproporcionado, ¿crees que cualquier mentalidad lo recibe sin prejuicios? ¿Te ha sucedido alguna anécdota al respecto?
D.A.: Creo más bien que estoy asediado por los prejuicios. Es curioso porque cierto humor absurdo resulta totalmente natural en Argentina por un público de no iniciados, porque determinados aspectos de la locura que representa este tipo de humor están dentro de la cultura juvenil que, naturalmente, celebra la transgresión. Hay, de hecho, un término para el absurdo que es “cualquiera”, y ese adjetivo “esto es cualquiera” o “aquello es cualquiera”, igual que el adjetivo de “loco”: “esto es muy loco” o “aquello es muy loco”, son celebraciones de lo absurdo y no críticas a la falta de sentido, o a lo escurridizo de dicho sentido. Pero me sorprendió encontrar en España, en términos masivos estoy hablando, un rechazo por lo que no entra en los cánones de lo racional, un rechazo muy instalado en el público joven no iniciado, o iniciado en un sólo tipo de cómics. Esto es algo que siempre me ha llamado la atención porque no parece lógico en un país como este, que fue uno de los centros neurálgicos del surrealismo de principios de siglo XX y que tiene una larga tradición en humor absurdo, llegando a gente tan increíble como Faemino y Cansado, que haya amplios sectores de la juventud con una idea del humor tan conservadora. Y creo que lo mejor que ha pasado, a la hora de ensanchar esos márgenes tan estrechos, ha sido la buena acogida que han tenido los Chanantes de Muchachada Nui y Muséo Coconuts, porque han logrado llegar a un público no iniciado con un tipo de humor muy absurdo y eso nos conviene a todos. Es cierto también que aquí hay un núcleo duro y nada pequeño de cultores del underground, de lo bizarro, y de lo extraño como parte natural de la formación intelectual, y esos círculos son los que terminan siendo mi público, pero, a nivel masivo, llamémosle “el Gran Público” está limitado por prejuicios casi dogmáticos con respecto a lo que debe o no debe ser el humor, o debe o no debe ser el cómic, pero creo que cada granito de arena, como lo que hacen los Chanantes, las comedias de Borja Cobeaga o los libros de Millán y Noguera sirven para ampliar esos límites que no son más que límites al propio placer del lector/espectador.
9.¿Te interesa el humor en otros formatos, aunque sea como consumidor: el cine, la novela, etc.? ¿Qué ventaja crees que tiene el cómic o la historieta sobre éstos?
D.A.: Sí, por supuesto, de hecho, cuando me considero primero “Lector” que “Autor” hablo de “lector” de todo tipo de papel impreso y debería agregar “Espectador” porque me paso varias horas semanales mirando películas, series y programas de tv. La desventaja del Cómic es que hay pocos espacios y poco capital destinado al medio, pero para eso existen también los Fanzynes que son la solución autogestionada y que permite mostrar tu trabajo e ir modificando lo que haces a partir de la autocrítica con respecto a la relación entre lo que pretendías y lo que te ha quedado, que es, a grandes rasgos, el mecanismo de la construcción del propio oficio. En los fanzynes, además, puedes encontrar cosas incluso más interesantes que en los medios comerciales. Y la ventaja de la historieta, más bien una de las ventajas, es que en la mayoría de los casos es un género parásito dentro del mundo de la prensa. Excepto en revistas específicas como El Jueves, en el resto de la prensa es un agregado innecesario, es decir, la revista o el periódico no se vende por los cómics que publica. Esta posición de “secundario” le da al cómic unos límites bastante amplios a la hora de crear. Esta misma ventaja, la de una amplia libertad de expresión, se produce como consecuencia de que la industria del cómic no sea una industria como la del cine, donde una gran inversión y montón de puestos de trabajo dependen de tu creación, con lo que es inevitable que se creen intereses múltiples que jalonan la dirección previa de tu idea o, directamente la modifican en post de recuperar dicha inversión y mantener esos puestos de trabajo. Por eso en el cómic se ha dado una búsqueda de recursos y de “formas” de narrar tan originales que el cine no deja de beber de sus aguas. Pero ojo, que esto es recíproco. Sólo que ante la Crisis que se nota más en medios como el Cine, y ante el vértigo de la falta de espectadores por la facilidad de bajarte pelís gracias a las nuevas tecnologías, muchos directores de cine están buscando en los tebeos “formas” de contar que en su propio medio resultan “novedosas”.
10.¿Qué nos recomendarías para reírnos un rato largo?
D.A.: En cómics recomendaría Lo Peor de Vázquez de Vázquez, Herminio Bolaextra: Medio a Medias de Entrialgo, y en literatura recomendaría Los Millones de Santiago Lorenzo.